La Iglesia y el voluntariado, más allá de 4 paredes

Banderas de Bolivia y Santa Cruz, Bolivia en Intercambio Cultural, Elkhart, Indiana, EEUU. Banderas de Bolivia y Santa Cruz, Bolivia en Intercambio Cultural, Elkhart, Indiana, EEUU.

Hacer voluntariado va más allá de solo buscar experiencias, es también compromiso y amor al trabajo que vas a realizar, es siempre estar con ese corazón dispuesto a regalar sonrisas que pueden alivianar el día de una persona, es estar dispuesta o dispuesto a aprender y hacer más de lo que te corresponde, es amar y servir a tu prójimo y, sobre todo, es recibir y dar hospitalidad. En los últimos años estuve haciendo voluntariado, decidí salir de mi país, Bolivia, de mi zona de confort y buscar nuevas experiencias.  Apliqué para un programa como voluntaria y fui parte de MVS (Mennonite Volunteer Service – Servicio Voluntario Menonita). Estuve haciendo voluntariado en Aibonito, Puerto Rico y Elkhart, Indiana, Estados Unidos.  Tomar la decisión de participar en un voluntariado es ponerte en manos de Dios, dejar que Dios guíe tus pasos y confiar que abrirá puertas. Como dice 1 Pedro 5:7 “Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes”. Y así fue como comencé mi experiencia de voluntaria, confiando en Dios.

El cariño de la gente me hizo sentir como en casa, aunque mis raíces no estaban ahí.  Amigos que fui conociendo, el cariño de los niños, la iglesia y personas que se convirtieron en mi familia. Ese vínculo irrompible y ese apretón de mano que nunca se olvida cuando te toca decir adiós.

 En mi tiempo como voluntaria aprendí que la iglesia va más allá de 4 paredes, es encontrar un tiempo contigo, es reflexionar y hablar a solas con Dios, es escuchar a un niño o niña, apreciar su inocencia y ver que el amor de Dios no tiene prejuicios, es ver los paisajes y maravillarte de su perfección, es estar atento o atenta a las necesidades de tu prójimo, es caminar con alguien y no juzgar, es aprender a escuchar.

Luego de mi tiempo en Puerto Rico, sentía que mi tiempo como voluntaria tenía que seguir, así que decidí seguir en el programa y llegué a Elkhart. Este fue otro paso más grande pues significaba otra cultura, idioma, comunidad, etcéteras que fui descubriendo.

El voluntariado nos permite ver otras perspectivas, es escuchar otras formas de pensamiento y conocer otras culturas, pero sobre todo saber que todos somos diferentes pero iguales a los ojos de Dios. El voluntariado es saber convivir armoniosamente con la diversidad.

Fue durante mi tiempo de voluntaria que llegó la pandemia. Jamás imaginé que iba a estar lejos de mi familia y que de la noche a la mañana iba a ser parte de una cuarentena y pandemia mundial. Estuve como 1 mes en cuarentena, con incertidumbres de qué iba a pasar. No podía volver a Bolivia, las fronteras estaban cerradas.

A pesar de la incertidumbre y aflicciones entendí que cuando piensas que no hay salida, cuando todo se desmorona, Dios tiene un plan para ti, Dios te pone el tiempo y el momento indicado. Dios te hace conocer a las personas no por casualidad sino por una razón, por una bendición.

Durante mi tiempo de servicio en Estados Unidos, tuve muchas interacciones con personas migrantes. Cada historia de inmigrantes que fue compartida conmigo me hizo salir de una burbuja, de una realidad que ni imaginaba. Comprendí del miedo de encarar la vida con coraje y con valentía por amor a tu familia. Dios me mostró tanto en cada persona que, así como yo fui a servir y ayudar, ellos me ayudaron más a mí, a crecer y a vivir. En la biblia hay muchos ejemplos de la hospitalidad y de la bendición que es recibir a personas extranjeras en nuestras vidas.

Durante mi servicio experimenté la hospitalidad de muchas maneras. Hay momentos en los cuales tú eres quien necesita la hospitalidad y otros en los cuales tú eres la persona anfitriona y ofreces hospitalidad. Durante mis experiencias de servicio me di cuenta de que, en este proceso de hospitalidad, está Dios. Las escrituras nos invitan a no olvidarnos de la hospitalidad cuando nos dice en Hebreos 13:2 “No se olviden de practicar la hospitalidad, pues gracias a ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles”. Yo he conocido personas que Dios ha puesto en mi camino que me han hecho ver la importancia de esto. De la misma forma, durante mi trabajo de servicio, muchas personas me dejaron saber que mi trabajo para ellos y ellas era una bendición.

Una nota más de la hospitalidad es que tu hogar puede ser en cualquier lado, donde puedas aportar, ayudar y convivir con empatía, tu hogar es donde dejas cada pedacito de tu corazón y al mismo tiempo llevas algo de ese lugar para siempre. Si bien esta experiencia ha estado llena de curiosidad, ansias, sueños, incertidumbres, miedo, penas y decisiones, el salir de la zona de confort, tomar un paso que cambia la vida, abre la mente, y deja ver la realidad más allá de lo que una se imagina.

Tuve la oportunidad desde mi infancia de haber compartido con personas de diferentes partes del mundo, quienes vivieron en mi casa, Santiago de Chiquitos, Bolivia. La mayoría de estas personas eran voluntarios. Compartí lazos muy fuertes que se convirtieron como parte de mi familia. En aquel momento yo era parte de la familia anfitriona que ofrecía la hospitalidad. Ahora he experimentado el otro lado de la hospitalidad y he aprendido la importancia de ambos lados.

En aquel entonces yo disfrutaba escuchar las historias y vivencias de mis amigos voluntarios; desde ahí tuve la idea de que cuando fuera mayor quería experimentar algo así, conocer otros lugares y servir haciendo un voluntariado. Ahora soy yo quien quiere compartir con otras personas de esta experiencia e invitarles a continuar apoyando estos programas y de ofrecer hospitalidad a quienes vienen a servir a sus comunidades, donde quiera que ustedes se encuentren en el mundo. De igual manera invitar a personas jóvenes a que tomen el paso y busquen formas de hacer un voluntariado y experimentar otro nivel de la iglesia que va más allá de las cuatro paredes.

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