La mística es un saber experiencial, conocimiento afectivo, un estado alterado de la conciencia ordinaria, una caída del yo en comunión con el cosmos o un fragmento de mundo. Es la irrupción del sentimiento oceánico; la intuición de ser parte del alma inmaterial que anida en la materia, la sensación de estar secretamente ligadas al universo; una certeza oscura e inapelable que penetra en los cuerpos y los agita.
(Begoña Méndez)
En estos tiempos, donde lo místico y lo religioso se retoman con fuerza en el arte y la cultura pop —como con el nuevo álbum de Rosalía, Lux (2025); el nuevo libro inspirado en Simone Weil, Sobre Dios (2025), del filósofo surcoreano Byung-Chul Han; Misticismo (2025), de Simon Critchley; y Místicas (2025), de Begoña Méndez, solo por nombrar algunos pocos que he disfrutado en estas últimas semanas—, me parece interesante traer la atención a la correspondencia entre Ernesto Cardenal y Thomas Merton, específicamente una carta del 11 de septiembre de 1961. En esta carta, el monje trapense de 46 años le escribe al joven poeta y sacerdote católico de 36 años agradeciéndole por las traducciones de los poemas de los escritores beat que le envió. Menciona específicamente a un escritor estadounidense llamado Philip Lamantia (1927-2005) y dice que uno de sus poemas se ha publicado en la revista The Mennonite.
Como saben los asiduos lectores y lectoras que llevan años siguiendo esta revista, en el 2020 se fusionaron The Mennonite y Mennonite World Review y dieron paso a Anabaptist World. Podemos decir que Thomas Merton leyó por lo menos una vez este humilde medio de comunicación para tomarle el pulso a un poeta beat que, en palabras del teólogo de la liberación Ernesto Cardenal, “combinó la droga con la teología mística. Un sacerdote piel roja, mediante la comunión con el peyote, lo reconvirtió al catolicismo que había sido su religión anteriormente” (2007).
Lo que me sorprende no es que se publique a un católico (pese a que, unos siglos atrás, algunos defensores del papa hubieran querido exterminar no solo la revista, sino a sus lectores); tampoco me sorprende que publiquen a alguien que prefiera las sustancias psicodélicas al vino consagrado. Lo que en realidad me sorprende es que publiquen a un poeta beat. Me sorprende, no solo que los menonitas, sino en general cualquier cristiano, se interese de verdad por el arte y que no sea solo para extraer conclusiones aleccionadoras. Pero sí: en los años 60, en pleno apogeo de la generación beat, esta revista estaba interesada en lo que tenían que decir escritores como Allen Ginsberg, William Burroughs, Jack Kerouac, Neal Cassady, Gregory Corso, Lawrence Ferlinghetti, Philip Lamantia, entre otros.
Quiero dejarles con los dos poemas de Philip Lamantia que Ernesto Cardenal recoge en su Antología de la poesía norteamericana:
Poema estático número 9
Está esta distancia entre lo que yo veo y yo
dondequiera la inmanencia de la presencia de Dios
no hay más éxtasis
una mente clara
vigila vigila vigila
Yo estoy aquí
Él está allá… Es un Océano…
a veces no puedo pensar en ello, fracaso, caigo
Está este mirar de amor
está la torre de David
está el trono de la Sabiduría
está el silencioso mirar de amor
Constante vuelo en el aire del Espíritu Santo
Anhelo las luminosas tinieblas de Dios
anhelo la superesencial luz de estas tinieblas
otras tinieblas anhelo el fin del anhelar
anhelo el
Es sin Nombre lo que anhelo
una palabra pronunciada, encerrada en carne sin decir nada
esta nada me arropa más allá del arrobo
está este mirar de amor Trono Silencioso mirar de amor.
Las paradojas pobres
Porque todo es bendecido por Dios
agua, tierra, estrellas, almas
lo que quiere decir: todo es bendecido EN Dios
y lo que no lo es, no es
porque Dios es lo QUE ES
Yo, en Dios, te bendigo para que estés en Dios
Dios bendecido en nosotros como nosotros bendecidos en
Dios
y todo es bendito en la Santidad de Dios
y lo que no lo es en Dios NO es
y este NO termina en el comienzo de lo que ES
que eres en Dios, que es santidad en la nada
DE TODO LO QUE ES
y es nada comparado con DIOS
que es santidad en su ser
COMPLETO, sin necesidad de nada.
Estos no son declaraciones de fe ni oraciones para el especial de Navidad en la iglesia; sin embargo, hay algo en estos poemas que nos convoca y nos conmueve. Hay algo en estos poemas que no pasa por las declaraciones doctrinales que inventamos para protegernos del otrx, del misterio, de otras formas de experimentar la espiritualidad ajena a mi nicho eclesiástico. Hay algo en el misticismo de Lamantia que no quiere seguir haciendo lazos con el mundo a partir del miedo y entrecierra un poco los ojos ante la luz incandescente de las Verdades eternas y, como dice Paz López, del “manto pesado, gris y oprimente de la certeza” (2025). Me parece que también podría decirse algo parecido del nuevo álbum de Rosalía. Por ejemplo, aparece un cierto misticismo en esa especie de gracia irresistible de la que hablan los calvinistas cuando Björk interviene en la canción Berghain:
This is divine intervention
The only way to save us is through divine
intervention
The only way I will be saved is through divine
intervention
Comencé mi escrito diciendo que lo místico y lo religioso retornan con fuerza en la cultura, pero en realidad siempre han estado ahí. Incluso en una pequeña revista menonita comprometida con el pacifismo en los años 60.
A veces los buenos teólogos sistemáticos nos convencen con sus ansiedades intelectuales de que nada puede escapar de la estructura teológica; sin embargo, siempre hay puntos de fuga donde el Espíritu se infiltra con fuerza y desbarata nuestros castillos dogmáticos para dejarnos en “las luminosas tinieblas de Dios” y recordarnos que “todo es bendecido en Dios”.
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