Contar la vida: el toque de la amistad

De unsplash.com

La amistad es una necesidad apremiante. Nadie aceptaría la vida sin amistad. 

Aristóteles

 

“Escribir es un flujo entre otros” dice Gilles Deleuze. Quisiera darles un bosquejo de esos otros que me atraviesan, pero no puedo. Ni el espacio ni la disposición emocional me permitirían terminar un texto sobre esas amistades que hacen posible que exista el Jonathan que escribe estas palabras. Lo que haré es una especie de traición a mi mismo y al tema que tocaré: hacer unas cuantas declaraciones proposicionales sobre la experiencia de la amistad en relación con el discipulado cristiano. Al fin y al cabo, como nos dice Clarice Lispectore, “la palabra es como carnada, para pescar lo que no es palabra”. El peligro, por supuesto, es que a veces eso que se pesca en las profundidades de nuestros océanos nos puede devorar en un solo bocado. Dejarnos devorar y seguir vivos, tal vez, es otra metáfora para hablar sobre la amistad. 

Más allá de las proposiciones doctrinales que podamos aprender, más allá de los versículos que podamos memorizar, más allá de los himnos, coritos y todos los estribillos de Hillsong que cantamos, para la tradición anabautista el discipulado y la formación del carácter es fundamental. Stuart Murray nos recuerda que una convicción muy importante es la co-responsabilidad, y esto solo es posible hacerlo sanamente si se lo hace con un contexto de amistad, de relaciones honestas. También afirma que “muchos se han sentido atraídos al anabautismo por su énfasis en comunidad, hospitalidad y amistad. No es coincidencia que muchos asocien el anabautismo con casa abiertas y comidas compartidas” (Murray 2011, 103). Por eso no podemos ser entrenados en el discipulado cristiano en soledad, necesitamos ese otro que nos confronte, nos anime, que aloje nuestra pregunta y nos acompañe en nuestro caminar; a esto también le llamamos amistad.

Hace unos años di una charla titulada: “La amistad y la estética católica francesa del siglo XX: El cuerpo agujereado, bautismos y encarnaciones”, donde me dispuse a hablar de un pequeño grupo de amigos y artistas franceses católicos que más que tener una creencia dogmática en común sobre el cristianismo buscaban la experiencia estética y mística de la religión. En estos artistas, como nos recuerda una querida profesora que tuve, “la realidad de la amistad y la realidad de la creación se yuxtaponen” (Burneo 2012, 28). En cierto sentido ellos fueron lo que fueron como escritores por la amistad que tuvieron. En una ocasión, incluso decidieron bautizarse en el monasterio de Saint-Benoit-sur Loire como un acto comunitario, estético, a pesar de la creencia o no creencia, y como lazo de amistad. Puede ser que hasta Aristóteles estaría orgulloso de estas relaciones. Tal vez a eso apuntaba cuando dijo: “La amistad no solo es necesaria sino bella y honrosa”. 

El teólogo Stanley Hauerwas escribió un pequeño libro titulado “The character of virtue: Letters to a godson”, donde le dedica 16 cartas a su ahijado, el hijo de uno de sus mejores amigos. En sí mismo este hecho ya nos dice mucho sobre la visión teológica que tiene Hauerwas sobre la amistad. En una de sus cartas dice: “La amistad es descubrir que nosotros no queremos contar nuestras historias, no podemos, sin contar la historia de nuestros amigos”. La amistad nos permite descubrir quiénes somos y cómo podemos seguir siendo. Seguir siendo a pesar de los golpes, de los agujeros, de las desgarraduras de las transformaciones. En la tradición judeo-cristiana hay una fuerte conexión entre la identidad y la amistad: David y Jonatán, Rut y Noemí, el discípulo amado Juán y Jesús, los Inklings: C. S. Lewis, J.R.R. Tolkien, Owen Barfield y Charles Williams, el famoso teólogo católico Hans Urs von Balthasar y Adrienne von Speyr, etc. Estos amigos/as tenían muchas cosas en común pero también respetaban y celebraban sus diferencias. Tal como David B. Burrell nos recuerda: cuando los amigos se embarcan en un trabajo intelectual pueden transformar un debate en una discusión porque la amistad no requiere acuerdos sino una devoción por un mismo ideal que nos atrae: el bien común (Burrell 2000, 87).

Primero: nuestra vida es una historia que adquiere peso, contraste e identidad por esos personajes que se relacionan con nosotros y nos permiten ser.

El teólogo católico Henry Nouwen dice que cuando se sentía muy deprimido sabía que podía llamar a unos pocos amigos, incluso en la madrugada. Como decía Aristóteles: “Los amigos son el único asilo donde podemos refugiarnos en la miseria”. 

Pierre Morhange fue un intelectual y poeta judío. Director de la revista “Philosophies” y amigo. Uno de sus amigos más cercanos fue el poeta ecuatoriano Alfredo Gangotena. En una de sus cartas dice lo siguiente: 

Pero te siento tan feliz en tu peripecia, te siento tan odiosamente inclinado a desposarte con la belleza de la Muerte, más que desnudarte frente a la verdad, siento miedo por ti. ¿No vas a dar el salto algún día? ¿Toda tu voluntad desaparecerá en tus poemas, destinados uno tras otros a desesperanzarte y a no ser más que pájaros blancos? Tras haber visto que es absolutamente necesario elegir, ¿vas a permanecer pasivo en la vía de la bella muerte? Por desgracia, lo sé bien. ¿Vas a dejar tu fuera en el carruaje de tu debilidad inmunda de por vida? ¿Vas a solazarte en las burbujas de tu baba? Escríbeme de urgencia para hacer una cita. Falta a tus clases si es necesario. Te deseo fuerza y coraje. Puedes amarme con fuerza (Morhange en Burneo 2016, 92- 93).

La amistad es saber que cuando nos seduce el vacío, el abismo y la muerte podemos amar con fuerza y llenarnos de la poética y potencia de la amistad para seguir siendo. Al fin de cuentas como dice Gepe: 

Si un gran vacío

Solo quédate en él

Los amigos de siempre

Te ayudarán a estar de pie

 

Segundo: nuestra vida es una historia que adquiere peso, contraste e identidad por esos personajes que se relacionan con nosotros y nos permiten ser, incluso en aquellos lugares donde la trama se torna oscura. 

En tercer lugar, la amistad nos recuerda que no estamos solos frente a los poderes que nos acechan. Regresando a Hauerwas: “Ser bautizado significa que descubres que tu vida está constituida por una red de amistad. […] una red de amigos es suficiente para enfrentarse al poder” (Hauerwas 2018, 65-72). Pueden verse estos brotes de amistades valientes en las marchas feministas y la práctica de sororidad en los países de América Latina, en las comunidades afroamericanas cogidos de la mano en el puente Edmund Pettus en Selma, en ese amigo/a que se para junto a tí para decirte no estás solo cuando tienes que denunciar a tu abusador.

Por último, no hay que ver la amistad simplemente como un medio para conseguir otro fin. Buscamos la amistad porque somos humanos, porque somos seres que dependemos de otros para poder hacer hasta el más elemental juego del lenguaje: contar historias. Llegar al colegio y contarle a nuestros o nuestras amigos/as que nos iremos de viaje, que nos gusta alguien, que no pudimos dormir, que nos aceptaron en la universidad, contarles nuestros miedos y alegrías. Hacer esto es ya un placer, una necesidad y una acción que nos recuerda que somos seres narrativos y que como dice Paul Ricoeur, la vida que no se narra es una vida sin sentido.

 

Conclusiones abiertas: 

1 La amistad forma nuestra “identidad”, dualidad, multiplicidades o como queramos interpretar esa subjetividad que llamamos “yo” y que Jacques Derrida decía no haber conocido plenamente nunca. 

2 La amistad también nos sostiene en esos lugares oscuros cuando parecemos que vamos a desfallecer y nos permite seguir siendo sin traicionarnos. 

3 La amistad también nos permite enfrentarnos con aquellos poderes que quieren cautivar y romper nuestro “yo” y amenazan con contaminar nuestras comunidades. 

 

Quiero terminar nombrando a algunos/as de esos/as amigos/as que hacen posible mi vida y que no me han dejado caer en la soledad sin comunidad, en ese abismo de vanidad, narcisismo y desesperación que hablaba Dietrich Bonhoeffer: Andrea, David A, David C, Carito, Francisca, Israel Lauro, Jennifer, Kevin y Luis.

Jonathan Minchala

Jonathan Minchala Flores estudió grado y posgrado en comunicación, literatura y estudios de la cultura. Actualmente está haciendo su Doctorado Read More

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