¿Estamos preparados para escuchar?

Andrew Bodden Andrew Bodden

La Punta es un baile afro caribeño dirigido por una de las comunidades afro en Honduras que es la comunidad Garífuna. “La música es una expresión del alma, para expresar sus sentimientos, sus alegrías”, nos comenta Andrew Bodden.

Andrew no baila La Punta, únicamente la baila en el baño, pero cuando se le presenta la oportunidad de “mover las caderitas” lo hace. Andrew Bodden nació y creció en Honduras, se formó en su país, trabajó por muchos años y después recibió una invitación en el año 2001 de venir a los EEUU a hacer ministerio.

“Son tres grupos afro descendientes que llegan al país en diferentes etapas, el primer grupo viene después de la colonización con el comercio de esclavos. Luego viene la lucha de poderes entre españoles y británicos en zonas de Centro América y el Caribe, es la historia de Jamaica y Belice, por ejemplo. En esa línea histórica más adelante viene un grupo que traen los piratas británicos, ellos se ubican en los Departamentos de la bahía y desde allí trabajaban para alimentar a los piratas ingleses. Son personas que vienen forzadas y tienen que hablar el inglés y olvidar su lengua materna. De ese grupo desciendo yo, mi papá viene de esa herencia, tercera generación libre. Mi abuela también viene de esa línea, pero de Belice. Mi abuelo, ya hombre libre, conoce a mi abuela. En Honduras estaba pasando algo muy seductor para muchas personas, el comercio de las plantaciones de banano y la construcción del ferrocarril. Ya los garífunas son la otra historia, huyendo del Caribe, se acomodan en Centro América” (Andrew Bodden).

Los inmigrantes tenemos una historia en común que es precisamente nuestra inmigración, solemos abrazarnos y entendernos alrededor de este tejido. Pero pasa que muchas veces nuestro presente, como personas inmigrantes, se convierte en una especie de umbral del que no hay retorno y dejamos totalmente de lado el otro lugar de encuentro que está también allí en nuestro pasado, las historias que traemos con nosotros y que son fuentes de identidad. Ahí podemos encontrar lo otro en común, y que es además rico en distinciones y pluralidades: nuestros pasados.

Por eso en este artículo nos hemos interesado más en algunas historias del pasado de Andrew Bodden que en su presente -igualmente digno de mencionar a detalle por todos sus esfuerzos y logros en años de servicio con la Iglesia Menonita y el MCC-. Pero nos dedicaremos a su pasado en Honduras que igual a la canción del Joe Arroyo “No le pegue a la Negra”, arrancó más allá de la historia bananera y todos los relatos que el ferrocarril trajo a las américas que quedan al sur del Río Bravo, y más allá de la llegada de la Comunidad Garífuna e incluso más antigua que los tiempos cuando los piratas dominaban el Caribe. “En los años 1,600 (tambores)”, así inicia la canción.

“Al escuchar se genera un conflicto porque al hacerlo conoces y aprendes, derrumbas muros construidos consciente e inconscientemente y al iniciar a escuchar atentamente, no solo con el oído sino con el corazón y la mente, se crea un conflicto interno: primero, no sabía eso, dos, ahora tienes la responsabilidad de transformarte y actuar. El escuchar te incomoda cuando eres una persona sensible a las necesidades de los demás. Pero la vida te lleva a un nivel práctico” (Andrew Bodden).

¿QUÉ FUE LO QUE ESCUCHÓ ANDREW?

En la iglesia desde su adolescencia. A sus 17 años ya era líder y en esa corta edad se atrevió a dirigir un campamento nacional de jóvenes. Su equipo también era joven, todos con el llamado al servir y se fueron con 40 personas a las montañas. Iban 40 jóvenes, 10 personas del liderazgo y una señora contratada para la cocina. Esa tarde, una de las mujeres del liderazgo comenzó a charlar con la señora de la cocina, y terminada la charla se dirigió al equipo de liderazgo y les contó que la señora vivía en la zona más marginada, que su casa era de cartón y cada vez que llovía se le venía encima.

-¿Pero qué quieres que hagamos con eso?-

-Bueno, ¿Y si le construimos una casa?-

“Yo pensé, pero es imposible, todos somos estudiantes, dependemos de nuestros padres, eso no se puede” (Andrew Bodden).

Pero la muchacha cada noche vino con la misma historia, “hasta que la última noche cedimos: si la señora nos venía con un título de propiedad le construiremos la casa”. Esa fue la lavativa, porque sabían que eso no lo iba a conseguir por falta de dinero y porque donde vivía era muy difícil. “De ese modo nos quitamos el problema de encima. Bajamos la montaña, volvimos a nuestra vida y seguimos reuniéndonos los domingos”.

Nadie se esperó que seis meses después apareciera la señora a su puerta con un papel en la mano y retándolos: “ustedes me prometieron que si conseguía el título de propiedad me construían la casa”. Andrew y su equipo no sabían dónde esconderse. “Pero le habíamos dado nuestra palabra. Nosotros le dijimos eso y entonces éramos muchachos de 17 y 18 años, pero no podíamos no cumplir y comenzamos a reunir el dinero con creatividad, hicimos ventas de garaje, películas, venta de comida, una vez pedimos a un pianista un concierto gratis”.

Fue un año de recolección de fondos y luego de eso iban todos los fines de semana a pegar bloques, así fue hasta que un año y medio después le entregaron las llaves de su casa, “lloramos, ella lloró, prácticamente de cero construimos esa casa y eso nos cambió la vida y a muchos nos llamó al ministerio. Volviendo a eso del escuchar: te forma un conflicto interno y si se sabe tramitar ese conflicto te puede cambiar la vida” (Andrew).

Para estudiar en la universidad Andrew tuvo que esforzarse mucho, trabajó recogiendo madera de lunes a viernes, estaba despierto desde las 4 am, viajaba por dos horas a su lugar de trabajo y por la noche estudiaba. Volvía a casa a las 11 pm. Así fueron cuatro años de estudio. Cuando se graduó en Honduras solo el 2-3 % de las personas lograban un título profesional.

Un mes después de graduarse llegó una visita desconocida hasta la puerta de Andrew, ¿Tú eres Andrew Bodden?, la visita venía de Costa Rica recomendado por el obispo de Andrew para que lo reclutara para el Centro Evangélico de Estudios Pastorales para Centro América. Estás contratado, le dijo en la misma puerta e iniciaba el lunes.

Gracias a aquella experiencia en la construcción de la casa fue llevado a ser miembro de la primera Junta de Hábitat para la Humanidad, desde donde construyeron más de 5,000 casas para los más pobres.

Luego tuvo el reto de sentar en una mesa ecuménica más de 12 denominaciones religiosas. En los 90’s imperaba la Doctrina de Seguridad Nacional por toda Centro América, y se pensaba qué  todo lo que era ecuménico estaba unido al socialismo, eso le generó muchos problemas a Andrew.

ALGUNOS ESTUDIOS DE ANDREW

Andrew Tiene grado universitario en consejería, es pedagogo y tienen maestría en Administración de Recursos Humanos. Estudió en el Seminario Bíblico Latinoamericano, con estudios pastorales inconclusos. Se formó también en Ginebra… y podríamos seguir nombrando estudios de Andrew, pero como él mismo nos explicó “eso no me define como persona”.

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