Kairós, o la oportunidad que nos da Dios de reescribir la vida.

Foto por Genesis Hernández. Foto por Genesis Hernández.

Llegamos al 2022. Los que seguimos y contamos ya dos años de pandemia y no nos hemos enfermado con síntomas graves de COVID-19 (habrá que revisar si no somos o hemos sido asintomáticos en algún momento) pertenecemos sin duda una parte privilegiada de la población mundial. Así que, si pensás que nos lograste nada en el 2021, el sólo hecho de existir es ya un logro grande. Y como seres que queremos ser funcionales y encontrar sentido en este cada día más surrealista mundo, es el tiempo en el que empezamos a planificar y trazar nuestro 2022.  Yo he caído en esa tentación. Pero me he detenido a sentir y a pensar hoy más que nunca mi 2021. Hay tantas lecciones que obtuve al final de este año que todavía siento que necesito seguir procesándolas.

Y ahí en ese procesamiento me he encontrado con esta verdad que hace rato aprendí, pero que cíclicamente al estilo Borgiano vuelvo siempre: el Kairós, o la oportunidad que nos da Dios de reescribir la vida.

Los griegos poseían un hermoso mito sobre el tiempo. Este decía que Cronos, el dios del universo, devoraba a sus hijos cada vez que su mujer, Rea, daba a luz. Este mito explicaba la concepción que tenían sobre el tiempo. El tiempo es ese terrible dios que devora cada hora de nuestras vidas, sin embargo, tenían otra forma de llamar al tiempo, esto era bajo el nombre de Kairos. Esta es la oportunidad que el tiempo nos brinda para poder decidir qué hacer con él. En la concepción cristiana pensamos en Kairos como el tiempo que nos otorga Dios. No en nuestro tiempo, sino en su tiempo, y su tiempo siempre será perfecto.

Me detengo ahí para cuestionar esa frase, que sé que a estas alturas de la vida todos hemos escuchado: “Los tiempos de Dios son perfectos”. ¿Cuántas veces no he querido que las cosas pasen a mi ritmo? Respuestas rápidas, prácticas, que resuelvan todo y que yo salga ganando siempre. Muchas veces me he encontrado impaciente gritando, a veces audiblemente: “Quiero soluciones, ya”.  Como una persona controladora, ansiosa y en posición de liderazgo en mi vida esa siempre ha sido mi ecuación: respuestas inmediatas para las crisis, ideas cocinándose semanas antes, revisando todo detalle, no buscando perfección, pero si algo parecido. Si, el stress forma parte de mi vida.

Y puede que eso me haya funcionado en un 70% de mi vida, pero la verdad sea dicha, nunca ha sido regla. Muchas veces con lágrimas en los ojos he visto como mis planes, mis ideas, mis expectativas se van por un despeñadero cuya profundidad no logro medir. Y es ahí entonces donde tengo que reconocer que la vida está llena de sinsabores, y sorpresas, que nada en la vida tiene certeza, sólo quizás la incertidumbre. Y es ahí entonces como niña pequeña que vuelvo mis ojos a Dios, haciendo pucheros a veces y entregando con mucho pesar mis planes en sus manos. Y entonces llega el momento de empezar a desentrañar los hilos y mirar las enseñanzas que Dios tiene para mi vida.

En plática con Jonathan Minchala Flores, otro autor buenísimo de esta revista, hablábamos de la presión social que conllevaba estos días y por supuesto la carga mental de querer tener resuelto todo casi mágicamente. Borrar mi yo pasado del 2021 y empezar con mi nuevo yo del 2022. Eso incluía también escribir historias. Pero como mencionaba la escritora Joan Didion, en una de mis últimas lecturas del NYT en español: “Pasar la página es necesario e inevitable, sin embargo, vale la pena tener piedad de nuestro pasado: siempre es aconsejable mantener una relación cordial con la persona que éramos”.

Yo sé que hay una terrible presión en estos días de escribir nuestras metas, definir nuestros objetivos. Creer que este 2022 será el mejor año de nuestras vidas. Pero quizás sea momento también de hacer espacio para un Kairos. Y si suena muy poético, y hermoso. La vida real está llena de muchas decepciones, dolores de cabeza y lágrimas.

Pero cuando las cosas no salen como nosotros queremos, ¿por qué no convertir todo en Kairós, en un tiempo que me da Dios de ver las cosas de otra manera?

Agradecer cada día por la salud, en mundo agonizante.

Las risas, los textos de ánimos de nuestros mejores amigos, amigas.

El abrazo sincero de nuestros hijos e hijas.

El café de las mañanas…el sol tibio y las flores al pasar.

Un Cronos rige nuestro tiempo, pero un Kairós es la oportunidad que me da Dios siempre de encontrarlo en las pequeñas cosas que nos dan vida y, como Jesús hace miles de años dijo:

“…No os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal”.

Wendy Vado

Wendy Vado (34) Nicaragüense. Estudió filología y comunicación social en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua. Le gusta escribir y Read More

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