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La Iglesia Católica Romana en varios países en el Continente Americano, ha sido sacudida por una tormenta de acusaciones sobre conducta impropia de los sacerdotes. Muchos de los cargos tenían que ver con abusos de conducta sexual con menores de edad, ocurridos hace veinte y treinta años, se cree que hasta más. El público en general no ha limitado sus sospechas a la Iglesia Católica Romana solamente. La imagen de los lideres religiosos cristianos en general, en el Continente Americano, ha estado en un nivel decadente. Los escándalos que comenzaron con el fracaso de los tele evangelistas en los años 80, en los Estados Unidos, se ha esparcido con razón y sin ella a muchas instituciones, iglesias
y pastores de iglesias locales.

Estamos viviendo en una era cuando el comportamiento ético no tiene valor, parece que no tiene importancia. Los ejecutivos de negocios a todos los niveles valoran las utilidades más que la ética. Los titulares y las noticias muestran, remarcando los grandes escándalos que resultan de la conducta sin ética de presidentes y altos funcionarios de los gobiernos. Hay un lugar, sin embargo, donde por ninguna circunstancia debe aparecer el comportamiento no ético, en las iglesias y sobretodo en las vidas de los ministros.

La ética es de suma importancia en el ministerio pastoral ya que por medio de ella se pueden evitar situaciones que lleven a poner en difficultad la labor tanto de la iglesia como del pastor. Es de vital importancia que el pastor y el líder, sea hombre o mujer, aprenda un sistema de ética cristiana, ya que en base a esa enseñanza podrá desarrollar de la mejor manera el ministerio al cual han sido llamado.

Nos hacemos imitadores del Padre en la medida en que manifestamos en nuestra vida el amor del Hijo (Ef. 5.1s).

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