Ética de la imprudencia

Foto Tim Mossholder, Unsplash. Foto Tim Mossholder, Unsplash.

Llevo ya varios años enseñando a adolescentes sobre literatura en un contexto cristiano. La literatura me ha permitido maniobrar estrategias epistemológicas que pueden salir fuera del círculo de la “ortodoxia” teológica e incluso pedagógica sin ser condenado a la hoguera. No se si lo estoy haciendo bien, pero como nos recuerda Mark C. Taylor, no podemos medir nuestro “éxito” como si fuera una microempresa ya que perdemos el contacto con muchos de nuestros/as estudiantes luego de graduarse. La única manera de medir nuestro fracaso es fijarnos si en lugar de generar preguntas que inviten al diálogo, sólo acertamos a confirmar y crear más certezas al servicio del status quo y el sistema de turno donde nos sentimos más cómodos. “Enseñar consiste más en plantear preguntas que en proporcionar respuestas. Hace muchos años que el primer día de clase digo a los estudiantes: Si no salen de este curso más confundidos e inseguros de lo que están ahora, habré fracasado. Generalmente se ríen, porque no se dan cuenta de la seriedad con la que lo digo. En la mayoría de las clases fracaso” (Taylor 2013, 185). En la mayoría de las clases creo que yo también fracaso. Quiero proporcionarles respuestas a mis estudiantes que muchas veces no son más que fórmulas gastadas que no tienen nada que ver con el verdadero compromiso cristiano, que como nos dice Stanley Hauerwas, consiste en aprender a vivir sin todas las respuestas y resistirnos a acomodarnos a las cosas como están en este mundo (Hauerwas 2012, 207).

Dentro de las conversaciones con los y las estudiantes frecuentemente me pregunto si mi prudencia como profesor no está poniendo un obstáculo más para que se expresen y se encuentren consigo mismos/as. Si definimos la prudencia como cautela o la acción de “adecuar o modificar la conducta para no recibir o producir perjuicios innecesarios”, entonces quiero plantear una conversación sobre una ética de la imprudencia. 

Una de las conversaciones que han surgido, tanto dentro como fuera del aula, es sobre las personas LGBTIQ+. Algunos de ellxs son parte de esa comunidad y otros abiertamente defienden a sus amigxs que se identifican con este grupo. ¿Cómo desarrollar una ética de la imprudencia que incomode a los técnicos de normalización de los cuerpos diferentes sin exponer a los chicxs al escarnio público? ¿Cómo dar ese espacio de libertad creativa y de reconocimiento consigo mismos/as en un espacio donde sus ideas, prácticas y afectos pueden no ser bien vistas? 

En Semana Santa en mi iglesia reflexionamos sobre el pasaje de María derramando perfume sobre los pies de Jesús. Debbie Blue profundiza en este hecho y nos recuerda que lo sorprendente no es solo que María no es prudente con el valor de ese perfume caro. Como dice mi amiga Francisca: “Una de las reacciones de los presentes fue una visión más ‘mercantilista’ , pero Jesús decide validar a la mujer y su acción haciendo notar un principio del reino que él proponía: dar y repartir”. Tampoco debemos limitarnos a pensar que lo sorprendente es que María no estaba haciendo lo que supuestamente debía estar haciendo una mujer: “las cosas de la casa”, sirviendo a los discípulos. Lo que sorprende desde el comienzo del relato es que María se atreve a tocar a Jesús. Marcos y Mateo dicen que vierte perfume sobre la cabeza de Jesús, y Juan y Lucas dicen que lo vierte sobre los pies. Lucas incluso dice que los bañó con sus lágrimas y luego los limpió con sus cabellos. Una mujer que la califican como “pecadora”. Claramente María no estaba ajustándose a las “buenas costumbres” de la época. La figura de María como una discípula imprudente que rompe los estereotipos no se queda ahí sino que es validada por Jesús. Marcos 14:6: “Déjenla, ¿por qué la molestan?”. La imprudencia de María como ética práctica en nuestro actuar cotidiano. María se estaba arriesgando a que por lo menos hablen mal de ella y la echen de la casa. María no dio un gran discurso, no dió una cátedra de inclusividad, María puso el cuerpo. 

La historia de la mujer que derrama el perfume carísimo en la cabeza y pies de Jesús está entre el complot de los religiosos para matar a Jesús y la traición de Judas. El orden en que están dispuestas las historias es decidor y me invita a pensar que entre el complot y la traición, siempre hay una oportunidad para ser imprudentes y romper las “buenas costumbres” que ocultan y oprimen a ciertos cuerpos. ¿Estamos invitando a todxs a la mesa y luego por la espalda traicionamos el mensaje de Jesús poniendo letras pequeñas donde nos reservamos el derecho de admisión? Cómo anabautistas sabemos bien que nuestro rey no es el presidente de turno o el sistema político y ético de moda sino Jesús y sus enseñanzas e historias. Los primeros anabautistas abogaban por una resistencia no violenta ante las demandas del estado y no cedían ante el qué dirán de la sociedad. Me pregunto, entonces, cómo podemos como “autoridades”, profesores/as, pastores/as, líderes/sas, etc., dar espacio a una ética de la imprudencia para que las personas a nuestro alrededor, no tengan que esconder su verdadera identidad para no incomodar. Me pregunto, ¿está bien que le diga a mis estudiantes que no hagan mucha “bulla” con sus preguntas sobre su sexualidad para que no salgan lastimados? ¿Estoy siendo parte de este sistema de “buenas costumbres” donde repartimos bendiciones y nos saludamos con una sonrisa para no incomodar al sistema? ¿Estoy preocupado por el valor del perfume y escandalizado porque tocan los pies de un Jesús hecho a la imagen y semejanza del Manual de Urbanidad y Buenas Maneras? 

(Casi siempre se habla sobre educación desde las autoridades y los técnicos pedagógicos pero se subestima la capacidad de los y las estudiantes de pensar ellos/as mismos sobre el quehacer educativo. Como un ejercicio de escritura creativa, aquí presento la impresión de una estudiante sobre mis reflexiones. Debería ser una obviedad mencionar que el cruce entre ficción y realidad es una discusión ya sobrevalorada. Solo resaltar que no se está hablando de ninguna institución en particular sino del quehacer educativo en general) 

 

Nombre: Lazuli 

Asignatura: Literatura Latinoamericana

Grado: 2º de Bachillerato 

Consigna: “Escriba un ensayo en el que comente brevemente sobre la ética de los colegios religiosos y cómo esto ayuda a los estudiantes a desarrollarse en el ambiente escolar” 

Querido Profe:

Quisiera poder seguir la consigna, pero realmente siento que no voy a poder escribir nada “bueno” de la ética religiosa, porque sencillamente no lo es, no es “buena”. He querido hablar acerca de este tema desde hace mucho tiempo, hablar de cómo nos afecta, y cómo ese “ambiente-que-ayuda-a-los-chicxs-a-acercarse-a-Jesús” no solo nos limita a ser quienes queremos ser, sino también nos impide “desarrollarnos一plenamente一en el ambiente escolar”. Voy a dar una aproximación a lo duro que es ser parte de la comunidad LGBTIQ+ en un colegio religioso. Sí, hablaré de ética, pero no desde un punto religioso, hablaré de la ética desde un punto de vista humano, desde mi punto de vista, desde lo que siento como alumna.

La ética, según Potter Stewart, es saber la diferencia entre lo que tienes derecho de hacer y lo que es correcto hacer. Usted lo mencionó alguna vez en clase ¿recuerda? Pero qué pasa si en este ambiente-que-ayuda-a-los-chicxs-a-acercarse-a-Jesús lo “correcto” entra en conflicto con nuestro derecho y no abre paso a que las personas reclamen lo que les parece justo. ¿A qué me refiero? Me refiero a lo “correcto” trazado por lo que supuestamente dice la Biblia, que el amor solo se puede presentar entre un hombre y una mujer y cómo esto afecta a lo que supuestamente es moralmente correcto hacer y sentir en un colegio mixto llenos de normas excluyentes. Lo “normal” sería, claro, que a Julieta le gustara Mateo, ¿verdad? ¿Pero y si a Julieta le gusta Maria? ¿Qué se hace en ese caso? ¿Acaso ese ambiente-que-ayuda-a-los-chicxs-a-acercarse-a-Jesús ayudará a Julieta a sentirse bien consigo misma, a reconocer lo que su corazón de niña-de-catorce-años está sintiendo? Y la respuesta es simple: no. No la van a ayudar, no la van a dejar “desarrollarse一completamente一en ese ambiente escolar”, únicamente la llenarán de ideas, acerca de lo que es y no es moralmente correcto, lo que supuestamente dicta la Biblia, las reglas que están por encima de lo humano. 

Y es triste, sabe profe. Que una niña que está experimentando un pequeño crush 一por primera vez一 tenga que recurrir a esconder su corazón, a esconder su verdadero yo. ¿Cree usted que esconder su verdadera forma de ser es ético? ¿Cree que está bien no ser libre de mostrar su verdadera forma de ser por miedo, enojo, rechazo e incluso soledad? Ser parte de la comunidad LGBTIQ+ en un colegio religioso es una de las cosas más duras que he tenido que superar en mi vida. Que me recuerden constantemente acerca de mi condena al infierno, por el simple hecho de que te guste alguien de tu mismo sexo. Y es verdad, nadie quiere ir al infierno, ninguna niña de catorce años quiere ir a un lugar lleno de sufrimiento y condenación. Y no solo es una niña, hay millones de niñxs que se encuentran en esa situación: escondiendo sus corazones con el propósito de encajar perfectamente en el ambiente-que-ayuda-a-los-chicxs-a-acercarse-a-Jesús para no ser juzgados, para ahorrarse el sufrimiento del infierno 一un sufrimiento que con el tiempo irá creciendo en sus corazones一. 

En fin, me gustaría terminar diciendo que estoy en contra de la ética religiosa del colegio. Pienso que debería existir otra ética, una ética diferente; una ética inclusiva. Una ética en la que los alumnos sean libres de hablar acerca de sus sentimientos y que no exista un modelo estándar de cómo nos deberíamos sentir. Y aunque aún estamos muy lejos de crear un ambiente-que-ayuda-a-los-chicxs-a-entender-sus-sentimientos, es esperanzador creer que puede existir esa realidad. Creer que puede existir un ambiente en el que ningún alumno/a sea juzgado, criticado o condenado, porque ningún corazón-de-catorce-años merece sufrir por lo que la moral de su colegio dicte. Le escribo esto porque aunque no me comprenda del todo, siento que lo intentará, que usted también quiere creer que puede existir un ambiente-que-ayuda-a-los-chicxs-a-descubrir-sus-sentimientos.

Gracias por leer. Y aunque esto no fue un ensayo sino, más bien, una confesión, intentó compartir algo íntimo con usted que espero que vaya más allá de un 10.

 


Bibliografía: 

Hauerwas, S. (2012). Hannah’s child: A theologian’s memoir. Wm. B. Eerdmans Publishing.

Taylor, M. C. (2013). Reflexiones sobre vivir y morir. Ediciones Siruela.

Jonathan Minchala

Jonathan Minchala Flores estudió grado y posgrado en comunicación, literatura y estudios de la cultura. Read More

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