Historias de caminos

Hace poco menos de un mes tuve dos conversaciones que lograron tejer en mi interior una serie de buenas preguntas acerca de la vida. Fueron con dos estupendas mujeres, de diferentes edades, de diferentes países y quienes ahora viven en distintos lugares de los Estados Unidos.

El motivo que nos encontró fue la grabación del podcast Un Momento de Anabautismo, del cual me responsabilizo, y a quienes invité por motivaciones distintas pero que por coincidencia terminamos hablando de un tema similar aunque a partir de experiencias totalmente distintas.

Las dos mujeres: Sandra Güete y Mariela Sánchez. El tema: El Camino.

No son historias que se cruzan aunque sí temas que coinciden, y tanto la historia de Sandra como la de Mariela nos regalan un pequeño pero rescatable atisbo de la fe de ambas mujeres. No tengo el ánimo de compararlas, porque son muy diferentes, únicamente quisiera narrarlas a partir de dos episodios sencillos que nos sirva para imaginarlas y para tomar de ellas lo que mejor nos quede a cada quien. Las narraré únicamente en dos fragmentos, a pesar de que cada historia es suficientemente larga y lo suficiente interesante como para escribir largo y tendido de cada una.

El Camino de Santiago

Nuestra protagonista es Sandra Güete junto a su esposo Marco Güete. Con los años Marco ha tomado la rutina de salir del país y aventurarse junto a un grupo de senderistas en caminatas largas que pueden tardar semanas hasta conseguir una meta. Este año les tocó en España y la gran novedad es que su esposa Sandra lo acompaño.

Al inicio de la caminata lo acordado era que Sandra lo despediría en la mañana y se reencontraría con él al final de la jornada, pero cuando todo fue a arrancar, la magia de la expectativa aventurezca la sedujo para tomar igualmente el reto. A su par casi los inundaban personas mucho más jóvenes, con rodillas enteras y espaldas rectas. Y aunque a medida que iniciaban los días de sendero tanto Sandra como Marco se dedicaron a ver como los rebasaban, ellos dos iban seguros del motivo por el que andaban.

Esta historia me recuerda cuando era mucho más joven y salía a correr por el río. Siempre de vuelta, ya con toda la energía entregada en el camino de ida, me gustaba cerrar los ojos y andar sobre el prado crecido hasta que me golpeara con el camino abierto. Las sensaciones eran una mezcla de júbilo y terror, a pesar de que el mismo ejercicio lo había realizado una serie de veces y casi que conocía la distancia de una forma sensorial, las mismas sensaciones se repetían: angustia por no mirar donde pisaba, ánimo para no perder el desafío propio, vergüenza de pensar que alguien me mirara actuar de esa forma extraña, deseo de continuar con los ojos cerrados a pesar de tener el instinto de abrirlos, susto de golpear mis piernas o arañarme el rostro con alguna vegetación, y sumado a todo además de mezclado, júbilo al estar experimentando todas esas sensaciones juntas.
Al final también lo llevaba a una dimensión reflexiva. Me recordaba que así debía ser mi fe, sobre todo cuando sintiera que andaba sin entender o sin ver el camino.

Como mis paseos al río, este viaje además de ser un encuentro con lo que se haya en el camino, como lo es la naturaleza, los compañeros, los pueblos, el café, tenía un carácter de retiro espiritual que invitaba a Sandra a recordar cómo es la vida: un camino, con zonas montañosas y zonas planas, donde se puede soportar lluvia o sol, donde puede parecer que se anda más lento o a veces se corre.

Mariela Compra Su Primera Cámara…

Y le costó un ojo de la cara.

Estaba recién divorciada, tenía dos bebés y vivía no hace muchos años en los Estados Unidos. ¿Cuál es el retrato de nuestra sociedad machista? Bueno, no olvido esa frase de Eduardo Galeano: “Miedo de la mujer a la violencia del hombre es un espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo”.

Pero cuando la mujer deja el miedo, y como Mariela decide salir del infierno de un hogar violento, por ella y por sus hijos, la situación suele compararse entre miles o millones de mujeres más: están desempleadas, sin muchos recursos materiales o cualitativos debido a que los últimos años de vida estuvieron dedicadas al hogar y los años han pasado; en las compañías no las ven como sí ven a otras personas más jóvenes, pero, y si afortunadamente cuentan con acreditaciones o estudios certificados, ya están pasadas de época, sin experiencia laboral. Todo parece estar en contra suya.

Mariela compró una cámara porque le parecía que las fotos que tomaba desde su celular eran bonitas y comenzó a entrenarse, a prestarse para bodas y cumpleaños mientras aprendía los secretos básicos de la fotografía hasta que por fin logró auto emplearse y ganar los primeros contratos.

Unos años atrás, cuando todavía no era madre y apenas rozaba sus 20, ella andaría un camino desértico al norte de México con su pequeña mochila y su galón de agua en compañía de dos viajeros más. Sumó varias horas de camino, lo que apenas le costó para recuperar el camino perdido que le había costado el paseo de vuelta que les hizo un bus cuando migración los atrapó a mitad del desierto y los deportó a México en dirección de la capital pero en ese viaje de regreso ella decidió bajarse y volver a intentarlo.

En el segundo intento lo consiguió, pasó la frontera y comenzó su sueño de encontrar una posibilidad de estudio. Como ella misma explica: “comprendí que eso del sueño Americano no es tan así”. Pero pasaron los años y hoy ya cuenta con un grado del Instituto Bíblico Anabautista, es una fotógrafa experta y continúa con sus estudios universitarios.
Una historia resumida de coraje.

Luego de compartirles estas dos cortas y resumidas historias mi invitación es a que las guarden en el corazón, las líen, y tomen de ellas cuanto puedan que les sirva para sus vidas. Juntas son mujeres de nuestras iglesias anabautistas y juntas son mujeres latinas como nosotros.

Anabaptist World

Anabaptist World Inc. Read more on our about page Read More

Sign up to our newsletter for important updates and news!