Los cabellos de mi abuela…

“...Pero ¿acaso una madre olvida o deja de amar a su propio hijo?” Isaías 49:15 DHH

Foto por Wendy Vado. Wendy & Su hija Brisa. Foto por Wendy Vado. Wendy & Su hija Brisa.

Después del 2020, me dejé crecer el cabello. Quizás fue el miedo al COVID, la pereza o la búsqueda de un nuevo estilo, que me representara en ese momento. Como sea, el cabello creció, y creció y cuando me di cuenta, ya nunca quise cortarlo. Tener el cabello largo, no es fácil. Muchas personas lo admiran, otros se intrigan cómo puedo tenerlo así, sobre todo con el calor del trópico. Yo misma, también, me hago esa pregunta ¡cuando llegamos a los 38 grados!  Y lo único que alivia mi calor, es una moña alta.

Se dice que las comunidades indígenas se dejan crecer el cabello, tanto hombres como mujeres, como un símbolo de belleza, pero también de conexión. Conexión con los ancestros. Pienso en eso, y se me viene el recuerdo de mi bisabuela. La imagen que tengo de ella es la de una anciana de cabellos dorados, y cenizos largos… los cuales eran peinados religiosamente cada tarde.

Tuve la fortuna de conocer a mi bisabuela, y no, no tengo 50 años. Sólo que el bono demográfico en mi familia se reproduce desde tempranas edades. En fin, conocí a mi bisabuela y me encantaba soltarle su larga trenza y peinarla. Cuando veo a mi hija de 7 años, Brisa, quien tiene un largo cabello color dorado, también pienso en mi bisabuela y pienso en que, sí es cierto, que hay una conexión con nuestros ancestros y nuestra identidad y de alguna manera todos y todas estamos conectados.

Aunque mi bisabuela, nunca se identificó como tal, tenía facciones, que bien podrían ser consideradas indígenas. En Nicaragua, aunque hay muchos grupos en el pacífico, su historia ha sido asimilada por la cultura mestiza y muy poco se identifican como tales. Los grupos más autóctonos viven olvidados en la costa caribe, viviendo, como una especie de guardianes cerca de los ríos y los bosques, tristemente talados y explotados, por grupos de poder.

Cuando pienso en mi bisabuela y las mujeres de mi familia, me doy cuenta de que tengo personalidades, vicios, y duelos muy parecidos a ellas. Quizás he heredado algunos traumas y miedos inexplicables. Cuando miro atrás, en mi pasado familiar, me doy cuenta de que soy la suma de todas las mujeres de mi familia, y quizás la victoria de cada una de ellas.

En este mes, se celebra en muchos países el día de las madres. En Nicaragua, es el 30 de mayo. Es toda una celebración, con tintes muy consumistas, como terminan siendo todas: las calles se inundan de flores, pasteles, y todo tipo de regalo para el ser más extraordinario, y perfecto que dicen es la madre.

Ahora que soy madre, me doy cuenta de que la maternidad dista mucho de la perfección. Es dura, sobre todo por los roles de género que se nos imponen como mujeres. Se suma a la ecuación el tema de los cuidados, que recae siempre en la mujer, y por el que tristemente muchas mujeres tienen que abandonar sus estudios o carrera. ¿Quién cuida a los niños y niñas, a los ancianos, enfermos en nuestra comunidad?, si miramos detenidamente, siempre recae en una mujer (La mamá, la tía, la abuela…, la migrante). Pero ¿Quién cuida a la mamá? La maternidad es intensa, y hermosa. Las mujeres nos perdemos en las expectativas y lo “que se supone” debe hacer y decir una madre. Este camino sin duda es personal y político y un viaje único para cada mujer. Cada una debe construir el propio, y lo que realmente nos funciona a cada una, respetando nuestra historia y necesidades. Lo que sí, deberíamos acordar todos es que la Madre es un ser humano y desde esa humanidad imperfecta, necesita mucho apoyo, cuidado, compasión y amor. Mi madre, con sus encuentros y desencuentros, es el primer referente que he tenido para ser mujer. Un ejemplo de resiliencia, como somos todas las mujeres.

Soy, sin lugar a duda, producto de muchas decisiones que he tomado en mi vida, pero no puedo negar que he sido también de mi familia ¿Alguna vez has pensado en la historia de las mujeres de tu familia? ¿Los duelos, los vacíos, los silencios? ¿Los pasos grandes que dieron, caminando hacia adelante, pero también hacia atrás?

En la tradición de los pueblos mayas de Guatemala, hay en su calendario, un día en el que se ora y pide a los ancestros guianza, al mismo tiempo, se les agradece por todo y se les pide su protección. ¿Alguna vez hemos pensado en agradecer y honrar la historia de cada una de nuestras ancestras, las mujeres y madres de nuestras familias?

 

Quizás sea tiempo de empezar hacerlo…

Wendy Vado

Wendy Vado (34) Nicaragüense. Estudió filología y comunicación social en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua. Le gusta escribir y Read More

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