Proceso de Reconciliación en San Rafael

San Rafael, Colombia San Rafael, Colombia

A mitad del baile, el vaivén de los vestidos secuestraba la atención del salón. Las sonrisas de las mujeres, practicadas hasta afilar el talento de encantar, como añadiendo un algo de magia del lejano oriente, arrastraban la atención de todos. También los arreglos florales que resaltaban desde sus cabellos a la altura de las orejas, los vestidos folclóricos, y la música propia, la alegría ribereña, cada cosa era un de la fiesta que desde temprano se vivía en el pueblo de San Rafael, Colombia. Se entregaba comida, rotaban la música, corrían los abrazos de parte y parte, bailaban todos… se compartía con esos hombres de allá, los señores que solo unos años atrás habían sido amos y verdugos de las desgracias del pueblo.

Ana Cristina no era ajena a esa algarabía, incluso se la vio bailando, comiendo más del hábito, cantando más fuerte, conversando, riendo ligero; quienes la conocieron decían que era otra Ana Cristina, “no es la misma– me contó Carlos-, se ha vuelto toda una doña”.

LA GUERRILLA

Las fiestas, poco esporádicas en estas regiones paisas de Colombia, solían terminar aguadas por estos señores de la guerra. Lo que verdaderamente sorprendió en su realidad de no estar registrado antes en los sumarios de historia, luego de años de violencia, era que la fiesta se hizo en compañía y con el protagonismo de los excombatientes de las FARC-EP . (Las Farc-EP, fueron una grupo insurgente que se levantó en armas contra el Estado Colombiano a finales de los 50’s y que firmaron un acurdo de paz en el año 2016.)

Eran famosos en los pueblos aledaños y en todos los pueblos de Colombia. En mi escuela se decía de ellos que vivían en el monte, que de noche se arropaban con las raíces en caso de una súbita lluvia de bombas sobre sus hamacas y educaban, para lograr la revolución, a niños de setenta centímetros de estatura poniéndoles en las manos rifles de un metro. Llevaban una franca y bien conocida guerra contra el régimen establecido.

El Frente 47 era el que operaba en la región de Antioquia. Durante los años 80´s y 90´s fueron estas lomas el escenario del fuego y la barbarie, se mataba por si las moscas. En el interno del frente se tenían serios conflictos de desconfianza, al más mínimo temblor de parpado se fusilaba. Al final, nade quería ser enviado a ese frente.

En 1988 emboscaron una volqueta que llevaba de pasajeros profesores y otros civiles, nadie entiende por qué motivos y mataron a 7 personas. Esto fue conocido como la masacre de la volqueta de la EPM (Empresas Públicas de Medellín). Pasaron 32 años para que admitieran abierta y llanamente el crimen.

PROCESO DE RECONCILIACIÓN

Tenemos que hablar sobre quién es Carlos Sánchez. Por estos días: motero. Viaja en su moto mientras explora las montañas antioqueñas. Siempre ha sido predicador de su personal y acreditado estado de paisa original, o sea, made in Medellin. En asuntos de fe es menonita, en asuntos de estudio es el más fiel de los discípulos de Jean Paul Lederach, al menos en lecturas, lo ha leído tanto ahínco y con tanta inclinación que cualquiera pensaría que aprendió a escribir y a leer con la Imaginación Moral; incluso a veces sus enseñanzas se le cuelan hasta por la sal de la sopa, y puede que termine citándolo para informar cuál pasaje va a comprar o hasta para preguntar dónde queda el baño de caballeros, y apenas eso, aunque se podría contar mucho más, debería bastarnos para reconocer su vocación de fe, estudios y obsesión casi, por la paz de Colombia.

Sobre el cómo, los episodios, las incertidumbres y cada uno de los personajes que protagonizaron la fiesta de San Rafael, se escribió anteriormente en una larga y nutrida crónica publicada en MenoTicias que lleva el nombre de “Quiero saber si ustedes mataron a mi padre: Diálogos de Paz y Reconciliación”. En esta sencillamente nos conformaremos con bridar al lector un breve resumen:

Luego de un evento de encuentro con víctimas, en Carlos Sánchez y Nidia Montoya nació la motivación de realizar las maniobras requeridas para establecer un diálogo entre víctimas del municipio de San Rafael y excombatientes de las FARC-EP. No fue una tarea sencilla, pero al final se consiguió traer a los comandantes del extinto Frente 47, y ahora en proceso de reincorporación, a la vida civil, Marco y Gabriel, y con ellos también vino Alejandro, antes hombre de inteligencia del Bloque Jacobo Arenas, de la zona urbana.

La motivación era la reconciliación, pero esta debía ser a partir de la confesión. Las FARC-EP debían decir la verdad, y en el segundo encuentro, que tuvo el acompañamiento de la iglesia Menonita, el extinto grupo admitió que el ataque a la volqueta de la EPM había sido orquestado por ellos sin dudas, y en eso se abrió la puerta para que se aproximara un escenario de perdón.

En el segundo encuentro, citado para el 27 de noviembre del 2020, Ana Cristina Monsalve dijo las siguientes palabras: “No puedo decirles que los he perdonado todavía, pero yo me dispongo a ser la puerta para el camino de la reconciliación en el municipio”.

LA NUEVA ANA CRISTINA

Ana Cristina había perdido a su padre en el ataque a la volqueta de la EPM. Vivió casi toda su vida con este dolor y la incertidumbre sobre las motivaciones y los reales quienes.(Debido a que en la región operaban diferentes grupos y no exclusivamente la guerrilla de las FARC-EP, por mucho tiempo se tuvo la incógnita de quiénes habían sido los protagonistas del atentado.)  Escuchar por voz y boca la confesión de las FARC-EP fue otro acontecimiento que cambió su vida. Distinto al primer encuentro, cuando entre tartamudeos y fiebres frías se atrevió a preguntarles a los exguerrilleros si ellos habían matado a su padre, en esta ocasión, se había convertido en una representante de los SOBREVIVIENTES – de ese modo decidieron que se les llamara a las víctimas de San Rafael, por un proceso que fue fruto de estos diálogos-.

Fue ella quien le preguntó a las FARC-EP sobre cómo iban a reparar al pueblo de San Rafael. “En el caminar se le fue el miedo –contó Carlos Sánchez-, saber la verdad la sanó”.

“Hay que ver estos procesos de reconciliación como la metamorfosis de la oruga a la mariposa”, explica Carlos Sánchez, y cita un énfasis que J.P. Lederach hace del evangelio de Mateo: 5-9, doblemente bendecidos los ARTISTAS que hacen la paz. En sus palabras, este tránsito de la oruga hacia la mariposa requiere de unas células imaginativas, y así mismo, el trabajo por la paz requiere de imaginación para conseguir sus metas propuestas.

USTEDES SON RICOS

Poco a poco en este proceso se iba notando que no siempre el interés de los involucrados era el más acorde con el de la reconciliación por motivos de sanidad o de superación de conflicto. En esto también se intentaron levantar agendas políticas, o totalmente personales y egoístas. Con todo esto Carlos Sánchez tuvo que aprender a bailar. Su rol como mediador le impedía intervenir directamente, pero sí debía procurar lo posible para no dejar que se desbordaran los diálogos.

Algo importante era darle la voz a los Sobrevivientes para que conversaran en igualdad de condiciones con los excombatientes de las FARC-EP, quienes aún cuentan con un poder político que estaba dejando en las sombras la posición de los Sobrevivientes.

En el tercer encuentro sucedió que cuando Marco, el excomandante, preguntó francamente y sin rodeos “¿cómo los reparamos?,” las personas no supieron qué decir y por lo mismo se tuvo que dar por terminado el encuentro.

Desde aquí hasta el siguiente encuentro fue necesario un periodo de preparación, en éste la alcaldía reconoció a Carlos Sánchez, quien fungía en representación de la Comunidad Menonita de Medellín, como el líder y uno de los facilitadores. Se hicieron talleres en construcción de paz, resolución de conflictos y reconciliación.

“Era importante que los sobrevivientes se apropiaran de la palabra”, explica Carlos Sánchez “yo debía contribuir para cambiarles el pensamiento decaído debido a la violencia, yo les decía a los muchachos, ustedes son ricos, no piensen que son pobres”.

HUBO FIESTA

En el cuarto encuentro los Sobrevivientes llegaron diferentes, empoderados, conscientes de su rol histórico, capacitados para dialogar, y pidiendo a las FARC-EP como reparación simbólica un pago de 10.000 millones de pesos.

El número de víctimas que tiene el municipio es de 13.600 personas, casi todo el pueblo. La ex-guerrilla no pudo asumir ese precio, pero quedaron los interrogantes, ¿Se tiene lo requerido para reparar a los pueblos que sufrieron en la guerra? ¿Se tiene la voluntad para conseguirlo?

En este encuentro realizado el pasado 15 de mayo, estuvo como observador el pastor menonita Pedro Stucky, quien de paso dio una corta reflexión sobre la historia de Caín y Abel. Paralelo al caso de Ana Cristina Monsalve estuvo también la otra cara, la de un hombre anciano que no aceptó palabra ni consuelo por la muerte de su hija que también iba en esa trágica volqueta, 32 años atrás.

Pero hubo fiesta. Lo que venía aconteciendo desde los primeros meses del año anterior, a la sombra del Covid-19, hizo eco en los habitantes de San Rafael, por eso este cuarto encuentro de reconciliación fue celebrado, con música y baile, porque al final, la reconciliación debe bailarse y rumbearse, no son mínimos los pasos que se dan por la paz.

“Nosotros los menonitas en Colombia sabemos que en los procesos de reconciliación y paz surgen intereses, que a pesar de que nosotros animamos a continuar, puede que las personas manifiesten otras violencias como la manipulación, ocultar información; también es muy probable que todavía tengan miedo, rencor, dolor, en ellos el recuerdo de la violencia ejerce un poder. Como anabautistas, nuestra meta es la esperanza, así como nuestra inspiración, y es como la oruga y las células de la metamorfosis, no importa que al final solo una persona sea sanada” – Carlos Sánchez.

Sign up to our newsletter for important updates and news!