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ReDeRecursos Anabautistas ¿Qué Significa ser Ciudadanos o Ciudadanas del Reino de Dios?

César Moya and Patricia Urueña, mission workers with Mennonite Mission Network serving in Colombia.

Cuando se nos plantean preguntas como ésta, inmediatamente la relacionamos con nuestra ciudadanía o pertenencia a un país determinado, nos cuestionamos en qué consiste dicha ciudadanía, en cuáles son las responsabilidades que esta ciudadanía conlleva, pensamos en los derechos políticos y sociales que nos permiten intervenir en la vida política de un país, es decir, pensamos en el ejercicio de esa ciudadanía.

En el país en donde residimos y en la iglesia donde nos congregamos, convivimos personas de diferentes procedencias, razas, culturas, condiciones de vida y sistemas familiares distintos. Además de que somos hermanos/as en la fe, tenemos en común que todos somos habitantes o ciudadanos de ese país, independiente si tenemos cédula de ciudadanía, visa, carnet de refugio o así no tengamos ningún documento legal. El hecho es que somos ciudadanos de ese país.

En cuanto a la ciudadanía, en términos generales, podríamos decir que casi todas las personas han sido formadas para comportarse como ciudadanas o ciudadanos. Sin embargo, no han madurado hacia una conciencia mayor de lo que significa e implica ser un ciudadano. ¿Cuáles son las conductas más adecuadas para decir que se es un buen ciudadano? Posiblemente la gente no se comporta social y éticamente de la forma más correcta. Quizá falta mayor formación en conciencia política o ciudadana, puede ser que el comportamiento ciudadano deja mucho que desear, cuando se muestra agresividad al conducir, o cuando se hace algún reclamo en forma descortés, o se violan las leyes que regulan la buena convivencia, o algunos cobran justicia social por su cuenta robando, o matando, o dañamos y no cuidan los bienes que son comunales, en fin, se hacen cosas que afectan las relaciones y la convivencia social. En conclusión podemos decir que el comportamiento de la gente refleja mucho de su conciencia o formación o deformación ciudadana (actitud cívica), puede saber lo que debe hacer pero no lo hace.

Por supuesto que hay muchas otros temas que se desprenden de la ciudadanía y del ejercicio de la misma, como temas políticos, o temas ideológicos, o sistemas de gobierno, en los que de pronto no nos encontramos y comenzamos a fijar posiciones y nos polarizamos. Sin embargo, podemos tener la suficiente madurez como para tolerar las diferentes perspectivas, debemos crecer en tolerancia y no dejar que las diferencias nos dividan, sino que podamos respetar la pluralidad, y convivir en la diversidad de entendimientos y de preferencias, como lo es la iglesia y la sociedad.

Teniendo esto es mente, entonces, ¿qué significa ser ciudadanos del Reino de Dios? ¿cuáles son los deberes, responsabilidades, ética o comportamiento o compromisos con ese reino? ¿Cómo ser mejores ciudadanos o ciudadanas del Reino de Dios? Por supuesto que no vamos a agotar el tema en este espacio, habrá mucho más que profundizar en estos entendimientos (podemos plantearnos, por ejemplo, quién es el Dios de ese reino, cuál es el Dios de Jesús, cuáles son los valores, las exigencias, los compromisos y los beneficios de pertenecer al Reino de Dios, etc).

 

Dice el apóstol Pablo en la carta a los creyentes en Filipos, hablando de la ciudadanía en el Reino de Dios:

317 “Hermanos, sigan mi ejemplo y fíjense también en los que viven según el ejemplo que nosotros les hemos dado a ustedes. 18 Ya les he dicho muchas veces, y ahora se lo repito con lágrimas, que hay muchos que están viviendo como enemigos de la cruz de Cristo, 19 y su fin es la perdición. Su dios son sus propios apetitos, y sienten orgullo de lo que debería darles vergüenza. Sólo piensan en las cosas de este mundo. 20 En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo [otra expresión para ciudadanos/as del Reino], y estamos esperando que del cielo venga el Salvador, el Señor Jesucristo, 21 que cambiará nuestro cuerpo miserable para que sea como su propio cuerpo glorioso. Y lo hará por medio del poder que tiene para dominar todas las cosas. 41 Por eso, mis queridos hermanos, a quienes tanto deseo ver; ustedes, amados míos, que son mi alegría y mi premio, sigan así, firmes en el Señor”. (DHH, 3:17-4:1).

Pablo, a través deesta carta, exhortaa los miembros dela iglesia que está en Filipos, para que sigan su ejemplo, y no solo el ejemplo de Pablo sino de otros que han sido obedientes al camino de Cristo.

Fijémonos que Pablollorapor aquellos quetienen como dios su estómago y su gloria es seguir las cosas del mundo, (la indecencia o la vergüenza) y por no seguir el camino de la cruz de Cristo. Pablo invita a no dar crédito, a no confiar en lo que anunciansus oponentes,quese hacen pasar porhermanos, pero son “enemigos de la cruz de Cristo”.Ciertamenterechazan”la participación enlos sufrimientos deCristo”(3,10).Pabloanuncia el juicio: lo que les espera a losenemigos de la cruzde Cristo es la perdición, la desesperanza.

También encontramos palabras de aliento, Pablo anima a su amada comunidad a seguir firmes en el Señor, resistiendo las influencias de aquellos que pueden crear inestabilidad en la comunidad cristiana por la diferencia en la concepción, práctica y ética del evangelio de Cristo.

El contexto de la iglesia de Filipos

Filipos era una de las principales ciudades de Macedonia (Hechos 16:12) y fue la primera comunidad fundada por el apóstol Pablo en el continente europeo (en su segundo viaje misionero en el año 50). No había sinagoga en la ciudad, y la comunidad de los filipenses nació de un grupo de mujeres que se reunían el sábado en las riberas del rio Angites. A través de esta comunidad, el apóstol recibió ayuda material mientras estaba encarcelado en Roma y esta carta que Pablo escribió a los filipenses se conoce como la carta de la alegría, fruto de estar en el Señor.

Contexto del Texto

En el texto de 3:17-4:1 Pablo quiere advertir a la comunidad de Filipos acerca de los peligros de otras doctrinas que podían dividir la iglesia, traídas a la comunidad de parte de los judaizantes o los judeocristianos anti-Paulinos (cf. Fil. 3:1-16). La advertencia tiene dos focos o puntos centrales:

  1. Una invitación aimitaral apóstol, quien sigue solamente a Cristo(Fil3,17-21).
  2. Un llamado a la fidelidad(Fil.4,1).
  3. Invitación del apóstol a imitarlo a él: “Sed imitadores de mí, dice Pablo, porque yo lo soy de Cristo” (v. 17):este es untema frecuenteen las epístolaspaulinas.

Como judío que es, Pablo sabe que los rabinos no sólo pretenden enseñar a sus discípulos “contenido” sino un modo de vivir; el discípulo debe aprender a “caminar”. Pero no es la persona la que debe ser imitada, es el camino.

El apóstol pone supropia manerade entender y vivir el evangelio, y también deaquellos que “andan conforme a este modelo”comoun ejemplo para los filipenses.Él no sepusocomo un ideala seguir,puesseñala a Cristo. Pablo es modelo a seguirpor medio dela cruz queeligió, que es elcamino de lahumillación, el sufrimiento y el vaciamientode sí mismo, “y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gá. 2:20).

Su dedicación a la causa del Reino era conocida y estaba en contraposición con el procedimiento de sus oponentes, “que sólo piensan en las cosas de este mundo”. Pablo es fiel a la cruz (Gá. 6,14) (no fiel a su estómago), Cristo es su gloria (v. 21) (y no busca la gloria de este mundo), y su preocupación son las cosas del Reino de Dios.

¿Cómo se identifican estas personas?

DHH: “Su dios son sus propios apetitos, y sienten orgullo de lo que debería darles vergüenza. Sólo piensan en las cosas de este mundo”.

La frase “su dios es el vientre” v. 19 (BRV) puede ser una alusión a las observancias de la ley de los judíos y de los judeocristianos frente a los alimentos, que ocupa un lugar importante en la religión judía, o un sinónimo de quienes viven “conforme a la carne”, es decir, son débiles e incapaces de seguir el ejemplo de Cristo. Porque su vida se centra en su humanidad, en sus necesidades, son egocéntricos, y finalmente esto se convierte en su dios.

Y “sienten orgullo de lo que debería darles vergüenza, porque… sólo piensan en las cosas de este mundo” (DHH), está hablando a quienes ponen su confianza en sus fuerzas, en sus obras, en su propia vida, entonces se constituyen en “enemigos de la cruz de Cristo”.

Irónicamente Pablo les dice que los alimentos están en función del estómago (de saciar sus intereses) y seguir las cosas del mundo sólo los lleva a la perdición, por eso no se puede poner allí la mira. Quien camina según el ejemplo de Pablo, que sigue a Cristo, es el que es “ciudadano” del Reino. Y es en el Reino de Dios que se debe poner la mira. Las cosas del Reino son trascendentes, para vida eterna, mientras que las cosas “del mundo” son transitorias.

¿A qué se refiere: las cosas del mundo? Las cosas terrenales o del mundo son las cosas contrarias al Espíritu, la vanagloria, el individualismo o egocentrismo, la falta de solidaridad, seguir los propios deseos de la carne, las contiendas, las injusticias, las violencias, la corrupción, las guerras, el abuso del poder, el deterioro de la creación. Las cosas del Reino están representadas en el camino que siguió Cristo.

  1. Las cosas del Reino: un llamado a la fidelidad, al diaconado, al servicio, al amor y a la entrega.

Pablo contrapone los V. 20 y 21 a lo anterior: “En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, y estamos esperando que del cielo venga el Salvador, el Señor Jesucristo, 21 que cambiará nuestro cuerpo miserable para que sea como su propio cuerpo glorioso. Y lo hará por medio del poder que tiene para dominar todas las cosas.

Pablo anima a los filipenses a promover otra clase de actitudes, conforme al evangelio, contrapuestas a las de los judaizantes y su confianza en sus propias capacidades. Nosotros como ciudadanos del Reino, ya participamos de él porque nuestras vidas han sido transformadas. Como ciudadanos del Reino, viviendo en esta tierra, no debemos poner la mira en las cosas terrenales sino en las cosas del Reino de Dios: en lo que fue el camino de Cristo: el servicio, el amor, la entrega, es decir, el diaconado, el discipulado.

Al final del texto tenemos una exhortación amorosa: “permanezcan firmes en el Señor” no titubeen en seguir a Cristo. Para los filipenses, permanecer firmes era resistir las tentaciones de quienes buscaban los deseos de la carne y los deseos de este mundo. La comunidad debía constituirse en una defensa inquebrantable para apoyar a que se viva el testimonio cristiano, a que se siga a Cristo, y a este crucificado, el que se entrega y sirve a Dios, sirviendo a otros y a otras.

Conclusión

Así como la comunidad de Filipos, no podemos seguir un evangelio desconectado de la cruz de Cristo, porque es incompatible con el evangelio del amor, de la entrega.

No podemos seguir otros entendimientos de un evangelio, que no es evangelio, que busca los placeres de este mundo, buscando el propio deleite, pensando sólo en las cosas de este mundo, de la vanagloria, del individualismo.

Nosotros somos ciudadanos del Reino, ya partícipes de él en Cristo. Sigamos el ejemplo de Jesús, quien fue obediente a Dios y es un modelo de entrega en amor; sigamos  el camino de la diaconía, del servicio, de dedicación en defensa y promoción de la vida.

Mucha gente quiere a Dios para sí, para suplir todas sus necesidades, pero no desean realizar la misión de Dios al mundo: que es anunciar el Evangelio del crucificado y el resucitado.

A veces nos falta el coraje para hacer lo que hace Pablo, instar a los creyentes a ser seguidores de Cristo, convertirnos en modelo de vida para otros. No tenemos que tener miedo a ser modelos que otros puedan seguir, debemos ser modelos y ser modelo es una opción de vida.

Todas y todos los creyentes somos llamados a ser modelos en nuestras comunidades. El modelo no tiene que ser perfecto, también tiene el derecho a equivocarse, por ser seres humanos.

Presentadoscomo un modelo queapunta aCristo no significanecesariamente sólosufrimiento.Hay una dimensióndealegría, gratificación, felicidad y esperanza. Esperamos la venidadel Salvador, sí, pero él ya con supoder ha empezado a transformarnuestrocarácter débil, imperfecto, y puede moldear nuestro carácter de ciudadanos del Reino, con la responsabilidad de viviresa nueva vida transformada,no para nosotros mismos,sino para transformar todo nuestro alrededor,como ciudadanos de unreinoya presente.Así que cada vezque practicamosel amor al prójimo, la solidaridad y la justiciaenseñada porJesús, estamos experimentando un poco deese Reino y estamos ejerciendo nuestraciudadanía en el Reino.

Dios ha invertido bastante para llamarnos a participar como ciudadanos de su reino. ¿Cuál es nuestra respuesta? ¿Estamos motivados para buscar primero el reino de Dios y su justicia? ¿Estamos motivados para servir a Cristo y por lo tanto firmes en el Evangelio, siguiendo el ejemplo del camino de Jesús, de Pablo y de tantos hermanos y hermanas en la fe que han experimentado ser ciudadanos del Reino y servir en la tierra? Así que mantengamos firmes, unidos al Señor, sin titubear.

 Para Mayor Información

Puede comunicarse con Marco Güete, Director de Ministerios Hispanos para la Educación Pastoral y de Liderazgo de la Agencia Menonita de Educación: Marcog@MennoniteEducation.org

 

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