El pastorado en los tiempos de Pandemia: Nuevas formas de Comunidad en un Mundo Cambiante

Evento propuesto por las Mujeres Teólogas Anabautistas Latinoámericanas en el día de la oración, tema del año: "Migración" tomada el 23 de Mayo de 2019. varias mujeres se unificaron en las instalaciones de Casa Horeb a compartir sus diversas historias de migración y orar unas por otras. Evento propuesto por las Mujeres Teólogas Anabautistas Latinoámericanas en el día de la oración, tema del año: “Migración” tomada el 23 de Mayo de 2019. varias mujeres se unificaron en las instalaciones de Casa Horeb a compartir sus diversas historias de migración y orar unas por otras.

La iglesia anabautista se ha caracterizado por su comunidad tan diversa, donde diferentes culturas, idiomas y razas hacen parte de una gran familia que se extiende alrededor del mundo. Tres pilares fundamentales compartimos a lo largo y extenso del mapa: 1) Jesús es el centro de nuestra fe. 2) La comunidad es el centro de nuestra vida. 3) La reconciliación es el centro de nuestra tarea. La comunidad toma un rol central en nuestra práctica espiritual y vivencial y es por ello que frente a los grandes desafíos a lo largo de la historia siempre continuamos buscando cómo reinventar el modelo de acompañamiento, siempre sujeto a las posibilidades y las necesidades de nuestras comunidades. Este tiempo de pandemia no es la excepción, la comunidad anabautista ha tenido que reinventar su modelo de acompañamiento y replantear la esencia de la iglesia dentro del marco de una pandemia global, que desafía las cuatro paredes convencionales, y se adueña de nuevos espacios, plataformas virtuales y medios de comunicación a distancia.

Elena Bercián Ramirez, nacida en Chiquimula, frontera entre Honduras y El Salvador y actualmente pastora de la comunidad anabautista Casa Horeb en la Ciudad de Guatemala, habla sobre los gozos de acompañar la comunidad, “la comunidad es un espacio que permite potencializar mutuamente los dones de quienes la integran…”, “primero, cuando una persona se identifica como alguien que puede bendecir y segundo, ver cómo esos dones son desarrollados por el contacto con nuestros propios hermanos y hermanas y por los aprendizajes en el camino”.

Casa Horeb se ha identificado por ser una iglesia que crea espacio para todos y todas, una comunidad que se identifica por servir a otros/as. Es una comunidad que hace relaciones para toda la vida. “Casa Horeb ha sido una comunidad de gente que entra y sale, y ello ha permitido que las relaciones que tiene se extiendan hacia afuera”.

Desde que la pandemia comenzó en Marzo de 2020, – la iglesia decidió cerrar sus instalaciones y ha decidido mantenerse en la virtualidad, encontrando formas creativas para conectar y servir a las necesidades de todo tipo, desde físicas, hasta psicosociales y psicoespirituales. “Hemos estado muy atentos a las necesidades de nuestros hermanos. Las necesidades se han extendido desde las personas que se congregan hasta familiares, amigos y conocidos de nuestra comunidad”. Para Elena, el ver la necesidad crea la necesidad de servir, ella enfatiza que el servicio se manifiesta de una genuina preocupación, abrazando a aquel quien se puede servir de una manera muy honesta y hacerse uno con aquel que sufre.

Durante la pandemia muchas comunidades en Guatemala sufrieron los estragos que Eta e Iota dejaron en su paso el pasado noviembre, a raíz de esto Elena enfatiza que hubo que buscar formas creativas en medio de las medidas de aislamiento y los riesgos de contagio, hubo que atender las necesidades que surgían, al igual que la pérdida de fuentes de ingresos para algunas personas en la comunidad.-“Fue clave comenzar a ver las necesidades particulares que iban surgiendo; para alguien quizás era no tener cómo pagar la renta, otra persona algún medicamento que necesitaba y así uno por uno….creamos un fondo de misericordia que quizás no iba a resolver todas las necesidades inmediatas, pero sí parte de ellas y a través de servir de esa forma concreta ver cómo proveer de formas específicas, también acompaña a la comunidad”.

La virtualidad ha provocado un ajuste importante en la comunidad, y algunos de los aprendizajes que Elena menciona durante este año y medio de pandemia es el valorar la comunicación, “valorar los chats como lugares de encuentro y de aprendizaje, los chats cómo lugares de comunicación y no lugares de debate. Hemos abierto espacios de cuidado psicosocial y psicoespiritual para entender nuestras emociones y necesidades y cuidar nuestra salud mental en medio de lo que estamos viviendo”. Parte del acompañamiento pastoral ha sido integrar a la comunidad a realizar seguimiento entre unos y otros a través de llamadas, mensajes y tiempos de oración. “Hemos aprendido también que la muerte es respuesta de una sanidad completa… y nos ha hecho también más conscientes de ver el acompañamiento de Dios en medio de la tragedia, en medio de la desesperanza, ver a un Dios consolador”.

Elena ve el pastorado como el acompañamiento a la congregación en cualquier situación, menciona que en este año particularmente es también animar a hermanos y hermanas a no ver este tiempo como un tiempo de desolación, sino brindar continuo aliento y esperanza. La comunidad se ha apoyado en un modelo de pastorado compartido que permite brindar soluciones creativas a las necesidades que van surgiendo en el camino. Este es el caso de las “comunidades de fe”, cinco diferentes subcomunidades de apoyo que permite a las personas expresarse para crecer en grupos más pequeños y más íntimos. “Este modelo tomó fuerza cuando empezó la pandemia, los grupos pequeños se convirtieron en una necesidad, la gente se acercó de una forma más íntima”. Y menciona también que “las comunidades de fe nos han dado insumos para identificar las necesidades y poder atender de formas más cercanas”.

“¿Cómo nos preparamos para regresar?”, se pregunta mientras menciona que su deseo para la iglesia post pandemia es que sea una iglesia que valore aún más el estrechar sus relaciones, “una iglesia que siga caminando en la escuela de la creatividad, buscando alternativas para reinventarse”. Y agrega: “Pienso también en la importancia de cada uno de hacer una especie de inventario personal, ver cómo nos podemos invertir mejor, una iglesia vulnerable, más dependiente en Dios, una iglesia más agradecida.”

La percepción de la iglesia puede cambiar de persona en persona; para Elena la iglesia no es el lugar, son las personas “es la interacción, lo que hacemos; el dónde no es tan importante,” y agrega, “para mí la iglesia está donde estemos, donde nos juntemos, donde demostremos amor, la iglesia que camina, que se escucha; el templo es un punto de reunión físico, pero en este momento, nuestro punto de reunión es la virtualidad. Y hacemos lo posible para que todo/as puedan estar presentes”.

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