Reseña del libro “Una espiritualidad que entreteje”

Un libro es su contenido y también las personas que lo hicieron posible. Por eso el teólogo colombiano Santiago Espitia Fajardo, en su nueva obra titulada “Una espiritualidad que entreteje”, evidencia desde su portada y prólogo la comunidad que lo acompaña. La artista plástica y teóloga Dilia Isabel Orozco Álvarez ilustra la imagen de portada donde muestra una “plantita resiliente en una tierra árida con la potencialidad de ser fértil, unos pétalos que siguen exhibiendo la belleza de sus colores pero que se han marchitado, un ecosistema simple pero que necesita del otro para funcionar”. Además, también se muestran unas manos que “expresan la palabra ‘ayudar’ en lenguaje de señas”. El prólogo, escrito por el cantautor Santiago Benavides, resalta el balance que tiene el autor para reflexionar de manera sensible y crítica, de una forma académica y bíblica, sobre temas como la salud, la enfermedad y la solidaridad. Para Benavides parte del valor del libro radica en que nos saca de nuestro confort, encierro e individualismo donde solo cuidamos de nosotros y nos anima a abrirnos ante el otro necesitado.

Luego de ser interpelado por la imagen de una artista plástica y la reflexión de un músico con resonancias teológicas tenemos la escritura del profesor de ética y teología. Santiago Espitia enseña en el Seminario Bíblico Menonita de Colombia y en el Instituto de Bioética de la Universidad Javeriana, además de otras instituciones académicas. Pero el autor también es un hombre de iglesia y sus reflexiones bien pueden ser compartidas en la ya tradicional práctica evangélica de la “escuelita dominical”. El libro es una interesante mezcla de teología, ciencias de la salud, bioética, filosofía y antropología. Muchas de estas reflexiones se apoyan en un contexto bíblico donde el autor se esmera en mostrar cómo es el trato que se le da a las y los enfermos, ciegos, sordos, paralíticos, etc.

Santiago afirma que, aunque comenzó a escribir en abril del 2020 y terminó a finales de noviembre, las investigaciones expuestas en este libro surgen luego de muchos años de reflexión. El escritor viene reflexionando sobre estos temas no solo en cursos que ha dado sobre una visión teológica de la enfermedad sino desde su propia experiencia vital. El autor sufrió una laringitis que lo dejó en reposo por un mes en el marco de la pandemia y en ese proceso retoma y resignifica algunas disciplinas espirituales como el devocional bíblico. Por eso los temas que toca el autor no son ajenos a su proceso de sufrimiento, enfermedad, duda y resiliencia.

Uno de los méritos del autor es su claridad para definir y explicar términos que han sido tergiversados u opacados a través de los años. En la introducción, en el primero y en el segundo capítulo asistimos a una explicación detallada sobre los términos “salud”, “enfermedad” y “espiritualidad”. Santiago explica cómo por un enfoque mecanicista del ser humano hemos asumido que “la salud es ausencia de enfermedad”. Vemos al sujeto enfermo como una “máquina averiada” que se debe reparar para que vuelva a ser funcional” y productiva. Otros reducen al sujeto a su enfermedad o dolencia, abstrayéndolo de su contexto y dejando de lado su historia, “emociones, sentimientos y percepciones”. Al terminar el capítulo 1 queda claro que la enfermedad no es solo un estado sino un proceso, que además no es solo biológico sino cultural.

En el capítulo 2 el autor explica que la espiritualidad no está separada de lo “material, corpóreo o terrenal”. Podemos recordar aquellas palabras de Terry Eagleton cuando dice que “el cristianismo es, en sí mismo y en cierto sentido, un credo materialista. La doctrina de la Encarnación implica que Dios es un animal. En la Eucaristía, está presente en la materia cotidiana del pan y el vino, en la actividad mundana de masticar y digerir. La salvación no es en primera instancia una cuestión de culto ni ritual, sino de alimentar al hambriento y atender al enfermo. Jesús pasa gran parte de su tiempo devolviendo la salud a cuerpos humanos tullidos, así como a alguna que otra mente trastornada. El amor es una práctica material, no un sentimiento espiritual. Su paradigma es el amor al forastero y al enemigo”. Santiago además desarrolla la idea de que la “espiritualidad trasciende al hecho religioso”. Se habla de la espiritualidad primero asociándola a tres emociones: “felicidad, gratitud y amor”. Luego desarrolla una comprensión de la espiritualidad bajo un marco cristiano: “La espiritualidad cristiana toma en referente los dichos y acciones de Jesús […] No se basa en dogmas, afirmaciones teológicas ni filosóficas abstractas, sino que se inspira en acciones concretas que se expresan por medio de actos éticos y políticos muy intencionales por parte de Jesús”.

En el capítulo 3 del libro, el autor hace un breve recorrido por las diferentes formas de concebir al ser humano desde la antigua Grecia, la religión judía, el renacimiento, la modernidad hasta la actualidad. Santiago reconoce que en la actualidad se ha superado la manera dualista de concebir al ser humano, ya no se lo entiende solo “como un ser biológico, sino que se concibe de manera más integral”. Este capítulo termina con una invitación a no reducir al ser humano en su solo rasgo esencial sino a profundizar en tres inquietudes: la búsqueda de sentido, la necesidad de tener esperanza y la necesidad de tener fe. Es un capítulo que nos invita a pensarnos y vernos de manera diferente, recordándonos que la mirada también está construida políticamente.

El cuarto capítulo aborda el tema del sufrimiento y la resiliencia. Define la resiliencia como “el conjunto de características de una persona que le permite experimentar el trauma sin que lo destruya” y sitúa la espiritualidad como uno de esos factores que sirven “tanto para resistir como para transformar situaciones de grave afectación”. Este es uno de los capítulos más íntimos donde el autor incluso relata algunas experiencias personales.   

El quinto capítulo vincula la pregunta del propósito de nuestra vida con la solidaridad y afirma que “la vida vale la pena cuando amamos y servimos a los demás, en especial, a los más vulnerables, a quienes sufren y están ahí: despojados, heridos y medio muertos en el camino”. Por eso la búsqueda de sentido nunca se puede hacer de manera aislada.

El último capítulo se centra en el tema de la vulnerabilidad y comienza sus reflexiones en el contexto actual de la pandemia mundial. El escritor reconoce que hay diferentes capas de la vulnerabilidad, por lo que podemos hablar de que hay algunas personas o comunidades más vulnerables a otras por factores biológicos, psicológicos, sociales, culturales, políticos o económicos. Sin embargo, el autor resalta la importancia de reconocernos todos vulnerables para “quitarnos de encima tantos encargos que la sociedad ha puesto sobre nuestros hombros en cuanto a la idea de que está mal expresar el sufrimiento, el dolor, la duda y la incertidumbre”. Siguiendo esta idea, podemos recordar la exhortación de Paul B. Preciado: “y cuando hayáis perdido toda la valentía, locos de cobardía, os deseo que inventéis nuevos y frágiles usos para vuestros cuerpos vulnerables. Porque os amo, os deseo, débiles y no valientes. Porque la revolución actúa a través de la debilidad”. Y así termina el libro, con un llamado a abrazar nuestra vulnerabilidad, a identificarnos, empatizar, a brindar solidaridad y compasión al otro y la otra.

Aunque hay reflexiones sobre estos temas en la tradición católica, desde el protestantismo y el quehacer teológico latinoamericano, miradas como las presentadas en este libro no son muy exploradas. La novedad de este acercamiento no solo es para el público cristiano protestante, evangélico, anabautista, etc., sino también para el mundo académico secular, ya que muchas veces en el ámbito universitario se mira con sospecha y prejuicio toda mención a la espiritualidad.

Santiago Espitia escribe desde el cuerpo, mostrando que no podemos analizarlo como un simple objeto. Nos muestra algunos cuerpos sufrientes, fragmentados y vulnerables pero que palpitan, anhelan y se dejan traspasar por una espiritualidad que sana, entreteje y da esperanza. Espero que se sigan escribiendo obras como estas ya que todavía quedan pendientes desarrollar otros temas, desde una perspectiva teológica, como la muerte y la relación entre economía y salud en el continente latinoamericano.  

Si tiene interés en el libro puede encontrarlo en formato impreso, en Colombia, en las librerías Panamericana y en la Sociedad Bíblica Colombiana. También puede adquirirlo en formato digital a través de la página web www.santiagoespitia.com

Jonathan Minchala

Jonathan Minchala Flores estudió grado y posgrado en comunicación, literatura y estudios de la cultura. Read More

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