Una iglesia presente en tiempos de pandemia

La Iglesia Anabautista Menonita de Buenos Aires está lista para recibir y apoyar a la gente del barrio. La Iglesia Anabautista Menonita de Buenos Aires está lista para recibir y apoyar a la gente del barrio.

El 19 de Septiembre de 2019, ante los reclamos de diversas organizaciones sociales, el Senado y el Congreso de Argentina declararon por unanimidad la emergencia alimentaria. Antes de que la emergencia alimentaria sea oficial, la Iglesia Anabautista Menonita de Buenos Aires (IAMBA), ubicada en el barrio Floresta de la ciudad de Buenos Aires, ya había empezado a comprometerse con ayudar a aquellos que atravesaban dificultades para conseguir alimentos. Es por eso que, junto con otras comunidades cristianas, ya venían trabajando un proceso para gestionar alimentos no perecederos y darlos a familias que tuviesen necesidades. Esto permitió que puedan ayudar no solo a nivel local, sino también a comunidades menonitas de otras localidades que atravesaban dificultades económicas.

Lo que nadie esperaba es que, en medio de esta crisis alimentaria, surgiría otro evento que la potenciaría, la pandemia del COVID-19. Luis Maria Alman, miembro del Consejo Pastoral de la IAMBA, empezó a preguntarse que más podían hacer. Fue así que junto con Magdalena Vieyra, quien hoy coordina el proyecto, desarrollaron la idea de empezar un merendero donde se prepararían y entregarían raciones de comidas a quienes lo necesiten. Con muchas dudas de si se sumaría alguien, pegaron cinco afiches alrededor del barrio que decían: “Merendero IAMBA: Vamos a preparar viandas para pasar juntos la crisis. Si necesitas ayuda, podes escribir o mandarnos un mensaje”.

Muchas veces las iglesias son acusadas de vivir en una burbuja, alejadas de la realidad, o de no saber leer las necesidades de la gente que está fuera de su círculo. Sin embargo, este no fue el caso del merendero porque solo un día despues de haber pegado los afiches ya habían recibido 25 solicitudes de personas solicitando inscribirse. A la semana ya había 90 inscriptos y un mes después, tuvieron que cerrar las inscripciones en 200 personas e iniciar una lista de espera. Vieyra nos comenta que “paradojicamente, la gente que asiste no es gente en situación de calle sino gente de clase media que perdió su trabajo debido a la pandemia”. Esto sucede debido a que la gente en situación de calle ya sabía como acceder a recursos y comedores desde antes de la pandemia. En cambio, quienes sorpresivamente perdieron sus trabajos en medio de la pandemia, se vieron en necesidad de buscar ayuda y el merendero de la IAMBA fue la respuesta para muchos.

Para poner en funcionamiento el merendero, necesitaban gente dispuesta a colaborar. Alman nos comenta: “Hay una larga tradición en nuestra familia de fe no solo de servir a entre menonitas sino de generar espacios de servicio para otros y otras. Por eso invitamos amigos y amigas de buena voluntad, algunos con un fuerte compromiso cristiano y otros desde diferentes valores pero también comprometidos con la paz y la justicia”. Para invitar a la gente a colaborar con el proyecto, circularon la invitación entre personas conocidas de la iglesia. Hoy en día, el proyecto es llevado a cabo por alrededor de 18 personas que ofrecen su tiempo cocinando, entregando la comida, o a traves de donaciones. Solo 3 de ellas son participantes de la IAMBA. Pablo Ober, uno de los voluntarios, explica que si bien vive a 40 minutos del merendero, decidió colaborar activamente porque le pareció interesante la propuesta de poder servir a la comunidad en una forma práctica con un grupo de gente con quien tiene una amistad.

Colaboradores del merendero de IAMBA organizan las donaciones y preparan la comida.
Colaboradores del merendero de IAMBA organizan las donaciones y preparan la comida.

Conseguir colaboradores era uno de los desafios para llevar adelante el merendero, pero el desafio más grande fue trabajar con alimentos y organizarse durante el inicio de la pandemia. Vieyra recuerda que al principio de la pandemia no se podía circular libremente, por lo que tuvieron que gestionar permisos especiales con el gobierno para que los colaboradores pudieran movilizarse hasta el merendero. El pastor Alman, hablando sobre estos desafios, comenta: “Empezamos con mucho temor y temblor, porque era una experiencia fuerte, arriesgada. Mientras avanzabamos en nuestro proyecto también escuchabamos que otros merenderos se tuvieron que cerrar por el contagio de los colaboradores. Así que tuvimos que poner protocolos de seguridad muy estrictos para evitar que algun voluntario o voluntaria se contagien. Gracias a Dios, el Señor nos acompaño y no tuvimos ninguna situación de riesgo en el año que ya tiene este proyecto”.

Para evitar contagios o situaciones de riesgo, se tuvieron que organizar para no cocinar en la iglesia y asi evitar el acumulamiento de personas. Para eso se organizaron buscando colaboradores que puedan cocinar en sus casas y luego gente que no sea de la población de riesgo para entregar las mercaderías en persona. Los protocolos establecidos fueron efectivos porque el merendero no experimentó ninguna situación de riesgo o contagio hasta el día de hoy.

El merendero no es un caso aislado donde la IAMBA decidió involucrarse en las problematicas del barrio y la sociedad. El merendero es parte de un conjunto de proyectos de solidaridad con el barrio que la IAMBA viene llevando a cabo desde antes de la pandemia. Uno de esos proyectos es CREARTE, que es un espacio cultural donde se brindan talleres donde se enseñan danzas folclóricas, instrumentos musicales, elongación, entre otras cosas. Otro proyecto es la feria solidaria, donde se apunta a la economía circular. La gente del barrio que tiene ropa y articulos del hogar los puede donar a la iglesia y durante la feria se ofrecen a un costo muy accesible. Luego, esos recursos se utilizan para sostener los otros proyectos y acciones de la comunidad. El tercer proyecto eso un hogar de estudiantes ubicado cerca de la iglesia donde reciben a estudiantes extranjeros o argentinos facilitandoles la posibilidad de estudiar en Buenos Aires pagando un precio accesible por el alojamiento.

Reflexionando en la identidad de la iglesia y la razón de estos proyectos, el pastor Alman nos explica: “Somos una pequeña comunidad con una actitud abierta a la participación de todos aquellos que quieran ser parte de acompañarnos”. Luego, agrega que “la solidaridad es lo que de alguna manera va marcando este camino que vamos haciendo”. Esta solidaridad fue la que los llevó a vincularse y ayudar a sus vecinos antes, durante, y seguramente después, de la pandemia.

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